Discurso de Lara en Belgrado

Transcripción de la lectura de la taza de café de Lara en Belgrado

[Lara] Necesito decirles algo, y seguramente toda la gente se reirá ahora. Soy introvertida, así que este es un gran esfuerzo por mi parte.

Gracias, siento la energía. Entonces, les contaré un poco sobre mi historia con la taza de café para que sepan un poco sobre el viaje de sanación por el que pasé. Soy Lara y, créanlo o no, no nací en Armenia. Soy armenia, nací en Beirut, Líbano, uno de los lugares más bellos del mundo, cerca de la playa, la mejor playa, la cual extraño, y aunque parezca mentira, ahora estoy atrapada entre montañas. Actualmente no hay playa para mí en Armenia. Y mi historia con la taza de café comenzó hace mucho tiempo, cuando era pequeña, a raíz de la relación con mi abuela. Solía llamarla Mima. Hoy no está con nosotres; se fue hace mucho tiempo. Pero cuando era pequeña, solía quedarme con ella porque mis padres trabajaban, y pasaba la mayor parte de mi infancia en su cocina, en Beirut, rodeada de sus vecines, para el Sobhia. Sobhia es una palabra árabe que significa algo así como un desayuno en el que normalmente las mujeres se reúnen en la casa de su vecine, comen muchos manakish , labneh… todas estas comidas árabes y también se leen una taza de café les unes a les otres.

 

Entonces, la historia de mi abuela es complicada. Porque ella no nació en el Líbano, Beirut, nació en Mardin , que ahora es Anatolia. Y, como probablemente muches de ustedes saben, el genocidio ocurrió durante el dominio otomano. Ella fue una de las supervivientes del genocidio. Perdió a toda su familia durante el genocidio excepto a su madre y a su hermana menor, y tuvo que irse, casi sin ropa, sin maleta, nada, ni siquiera su nombre, porque no recuerda su nombre. No recuerda su edad real. Y entre 1920 y 1925 llegó a Trípoli, que está en Libia. Y así llegaban refugiades armenies y supervivientes del genocidio al Líbano y a otros países de Oriente Medio. Por eso había más armenies fuera de Armenia que dentro,  porque nuestres antepasades se extendieron un poco por todas partes.

¿Y qué sucede cuando las mujeres con hijes son exiliadas de su lugar de nacimiento? Muches de vosotres sabéis muy bien lo que pasa. Muches de vosotres todavía seguís trabajando en este tema. Parece que nunca termina; sigue estando presente. Entonces mi abuela llegó con su madre a Trípoli y luego a Beirut, y vivió en este lugar llamado karantina . Karantina proviene de poner en cuarentena a las personas, ya saben, cuando las personas vienen del exterior, es necesario mantenerlas totalmente instaladas en un lugar para que no propaguen gérmenes, ya saben, al resto de la población. Entonces, esa zona se llamó karantina porque, después, muches otres refugiades de Palestina y de otros lugares que llegaron al Líbano han pasado algún tiempo allí, algunes incluso hasta hoy.

Entonces, no tienen nada, casi ningún recuerdo de lo que perdieron, así que vinieron a este lugar, donde no encajan muy bien con la población libanesa, y fueron desplazades, vivieron como refugiades durante más tiempo.  Y lo que hicieron fue tratar de construir, de alguna manera, una vida normal para sí mismes. Y lo único, una de las pocas cosas que pudieron traer consigo, es este ritual de lectura de la taza de café. Porque leer una taza de café, además de ser una cosa que va de adivinar, también es un medio para crear un espacio seguro para muchas comunidades marginadas, comunidades que sufrieron violencia, guerra, conflicto. Es algo muy común no sólo entre les armenies. Mucha gente, en muchas otras regiones, lee una taza de café. En Grecia lo hacen, en Serbia, Macedonia, Bosnia, en el mundo árabe, lo hacen. Y sobre todo, se hace entre mujeres. Se reúnen las mujeres, porque en esa época, en la época de mi abuela, las mujeres no estaban afuera en el mundo. No tenían un espacio público para reunirse. Entonces se reunían en la cocina y hacían algo muy inocente como leer la taza de café. Y sabemos que de cosas inocentes pasan muchas cosas muy fuertes y transformadoras, ¿no? Y eso es lo que hizo mi abuela después de este cambio de lugar y siempre tratando de encontrar un nuevo hogar. Su madre, de la cual ella aprendió esto, reunía a las mujeres, a refugiadas como ella, en una pequeña habitación. Tenían una especie de habitación porque estaban en un campo de refugiades en ese momento, e intentaban tomar café juntas, tanto como fuera posible, y al mismo tiempo hablar sobre sus problemas. Porque en ese momento no teníamos terapeutas, no teníamos organizaciones humanitarias feministas, que nos pudieran dar dinero ni curar nuestros traumas, ¿no? Entonces, solíamos curarnos a nosotres mismes simplemente hablando. Y esto es algo que aprendimos de nuestras madres, abuelas, y siempre funcionó, ¿sabes? Siempre fue posible leer las tazas de café.

En cuanto a mí, pasé mucho tiempo con mi abuela y me di cuenta de que estas mujeres eran realmente muy interesantes, muy valientes. Estaban hablando de cosas de las que nunca imaginé que hablarían. Por supuesto, mi abuela quería que me quedara en mi habitación porque siempre fui una alborotadora. Yo solía esconderme debajo de la mesa de la cocina y escuchar de qué hablaban estas mujeres. Y oía a nuestra vecina hablar de la relación con su marido, de cómo la trataba mal, otra hablaba de su hijo, de sus hijas, de su lugar de trabajo, donde eran limpiadoras. Hablaban de temas muy delicados que estaban viviendo en general. Hablaban de dinero o de la falta de este, así que acababan pensando en qué podían hacer para ayudarse unas a otras, por lo que también usarían el Sabhia para el intercambio. Por ejemplo, hoy como refugiada recibí tres huevos, te doy un huevo, tú me das un poquito de azúcar y así todo bien.

Así es como crecí, escuchando estas historias y, finalmente, cuando yo misma pasé por una guerra, nuestra casa fue bombardeada y yo misma me convertí en una refugiada como solía ser mi abuela. El desplazamiento siempre estuvo presente en nuestra familia. Entonces, tuve que dejar el Líbano, ir a Larnaca primero en un barco, como van les refugiades, y luego esperar, y después tener la esperanza de que Canadá nos acepte, e ir a Canadá como refugiada y enfrentar otro choque cultural… ¿Qué llevé? Algunos libros y mi taza de café. Porque pensé: «Está bien, tal vez pueda encontrar un idioma con el que hablar con esta gente nueva en este país tan frío y decirles: ¡sé leer una taza de café!». Y fue muy preciado para mí porque llevaba conmigo la historia de mis abuelos y, especialmente, la de mi abuela.

Una vez allí fui a universidades muy importantes de Canadá, donde la lectura de una taza de café no estaba reconocida en el ámbito científico. Comencé mi camino como autodidacta y aprendí todas las teorías, y traté de llevarlas a cabo con jóvenes y madres. Recuerdo un momento en el que estaba haciendo mis prácticas con madres de clase baja, pobres y mujeres inmigrantes, etc., que venían a Montreal en ese momento. Hablaba árabe e hice mis prácticas allí, y mi maestro, mi profesor, me decía: «Tienes que dejar este enfoque y tienes que escribir todo… “. Todo debe ser cuantificable y demostrable, ya saben, que demuestre que existe un progreso. Pero nada de esto funcionó para mí. Nada de eso. No me importaba, ya saben, cuando estamos hablando de la relación con sus hijes y sobre el trauma de tránsito. Entonces dije: “¡Déjame probar la taza de café! Quizás funcione”. Y tomé mi taza de café. Iba a mi pasantía con mi jazzveh y café, y la gente me miraba, «¿Qué está haciendo?». Gracias a Dios mi profesor no estaba, hubiera suspendido ese curso. Entonces comencé a preparar café, a beberlo y las mujeres comenzaron a reunirse alrededor de la taza. Al principio nadie quería hablar conmigo. Yo era como una estudiante haciendo su tesis y eso a nadie le importaba en realidad. Lo importante era el dolor, el trauma real que enfrentaban y cuando yo me presentaba como estudiante no podían ver que yo les entendería y escucharía. Pero cuando comencé a leer la taza de café, se reunieron muchas mujeres y todo el mundo empezó a hablar: “Ooh, esto es lo que veo en la taza de café, y esto es lo que estoy viviendo”, y me di cuenta de que esta herramienta era más poderosa que todas las teorías que me enseñaban en la universidad. Y me ayudó, porque pude conectar con mujeres que tenían el mismo tipo de sufrimiento, que se sentían inseguras, inseguras, violadas, completamente perdidas, viviendo una vida de injusticia, y de repente, encontraron un lugar donde sentirse seguras. No tenía nada que ver con el espacio físico. Se reunían alrededor de una taza de café, algo que hacen muchas mujeres de Medio Oriente y de mi región, y finalmente decían: “Oh, sabemos qué es esto. No conocemos estos carteles, ni esta presentación ni nos dicen nada estas teorías, pero confiamos en la taza de café. Así empezó mi relación con la taza de café. Y después, la taza de café de ese día empezó a seguirme a todas partes. Y yo tenía como referencia a mi abuela que me enseñó los símbolos, pero siendo feminista y activista, tammbién vi una interpretación muy feminista de estos símbolos, y fueron mensajes muy importantes los que pude encontrar. Una cosa que recuerdo mucho de mi abuela es que me decía: “¡Solo cuenta lo bueno!”. Entonces, hoy les contaré las cosas buenas porque, las cosas malas, ya las sabemos, hablamos mucho de ellas, nos deprimen y perdemos la fe, la esperanza en el futuro… Así que mi abuela solía decirme: “Concéntrate en las cosas buenas porque eso es lo que se necesita”. Eso es lo que necesitamos hoy para continuar.

Entonces, tengan paciencia, voy a por la taza de café, les daré algunos consejos iniciales sobre cómo leerla. Como vieron, todes bebieron la taza de café con intención, así que todos sus espíritus están aquí en esta taza. Luego lo giramos tres veces, en sentido contrario y luego esperamos hasta que esté seco. Y aquí ves los bonitos patrones en la taza de café. Y, por supuesto, hay que observar con detalle, además de activar nuestras habilidades artísticas, algunas ideas, un poco de psicología; no mucha, no hace falta un título universitario en psicología, sólo un poco de psicología para leerlo.

Mi abuela solía decirme que el fondo es sobre el pasado, entonces lo que ves en el fondo, es el pasado, es el dolor, es el sufrimiento, es todo lo que trajiste contigo, el equipaje…. ¿Qué ven aquí en el fondo? Aquí hay una especie de, ya saben, mucho terreno que parece pesado, muy pesado, como unas montañas. Porque las montañas, bueno, son difíciles de escalar pero no imposibles. Y lo que vemos aquí detrás de las montañas es como el amanecer, como la salida del sol. Bien, ¿pueden verlo todes? ¡Sí, está saliendo el sol! Va a ser un viaje difícil, no va a ser fácil. La montaña está ahí, hay dos colinas, una, dos, tenemos que escalarlas juntes, y luego llegar allí. Pero claro, esto es sobre el pasado, recuerda. Entonces significa que venimos de un largo viaje. Algunes de nosotres trabajamos nuestros traumas y problemas del pasado. Ayer hablamos sobre racismo, injusticia, cosas de las que debemos ocuparnos – personalmente – porque hay muchos problemas internos que traemos con nosotres. Hay cuestiones colectivas que traemos con nosotres. Muchos prejuicios. Entonces, esto es algo en lo que trabajamos colectivamente pero todavía queda trabajo por hacer. Esta parte montañosa significa que es la parte más pesada y necesitamos trabajar un poco más juntes. Quizás hacerlo solo por separado no sea suficiente. Será útil si podemos reunirnos y acercarnos unes a otres sin tener miedo de equivocarnos porque a veces nos vamos a equivocar. Ya saben, tenemos que tener permiso de todes nosotres para cometer errores porque, en un espacio seguro, es importante tener permiso para cometer errores y pensar acerca de ello, y no ser rechazades por ello, porque eso es lo que el espacio patriarcal nos ha hecho tan pronto como hemos cometido un errore. En este espacio seguro, estamos bien, lo suficientemente bien como para cometer errores, para decir cosas que no deberíamos decir, para hablar sobre cosas de las que no podemos hablar y también para escuchar lo que podríamos cambiar, lo que es necesario cambiar, y cuáles son nuestros errores.

Entonces, este es el fondo. ¿Vieron algo más en el fondo? ¿Olas? ¡Olas! Muy bien, eso son olas, se ven olas también. Entonces, algunas cosas suben y otras bajan, pero también las olas están aquí para conectar. Entonces, algo que hagamos aquí puede llegar como una ola a otro lugar, a otra región. Esta también es una parte importante. ¿Algo más en la parte inferior?

 

[Alguien del público] Hay dos dedos tocándose.

[Lara] ¡Sí, dedos tocándose! Son un poco tímidos, como lo somos nosotros ahora. Queremos saber más sobre la otra región. Queremos saber más de Chile pero somos un poco tímidos. Además, no sabemos cómo abordarlo, porque no sabemos mucho y tenemos miedo de que si se nota que no sabemos mucho podamos parecer un poquito… Pero está todo bien. Superaremos nuestra timidez porque eso nos ayudará a fortalecer, ya saben, el camino.

Entonces esto es el pasado. Ahora, en el medio, vemos el presente. No sé si lo veis bien pero el medio está muy activo. El presente está muy activo. Nos estamos movilizando, estamos haciendo cosas, a veces estamos haciendo muchas cosas, pero por separado, en paralelo, sin muchas conexiones, pero lo estamos haciendo. Así que lo único que nos falta aquí es cómo vinculamos las cosas. Porque lo hacemos con intención y somos regiones diferentes. Vemos la diferencia en las regiones. Tenemos estas líneas, no sé si puedes¡n ver las líneas, cuatro líneas, tres líneas en el otro lado, estas son regiones diferentes que están muy activas pero un poco desconectadas.

Y lo que ven abajo son como consejos. Se está tejiendo. Aquí estuvimos hablando sobre nosotres tejiendo, nuestres amigues aquí hablaron sobre esta actividad que hicieron, sí, eso es lo que necesitamos hacer más. Tejer nuestras historias juntas. Esta vez vine al espacio y aprendí sobre Magalí. Nunca escuché nada sobre ella antes pero aquí aprendí sobre ella. Nunca la olvidaré ahora. Olvidaré muchas cosas pero no olvidaré a Magalí porque es una historia personal, es una historia que me conmovió, es una historia en la que encuentro similitudes con mi región. Esta es una de las cosas que debemos hacer más. Contémonos nuestras historias. Quiero conocer las historias de Inés, las historias de Galina, otras historias que están aquí, muy poderosas, mejores, tal vez más fuertes que todas las estrategias en el papel que tenemos porque cada une de nosotres tiene una historia de resiliencia y podemos aprender mucho sobre ella. Y la taza de café muestra este tejido de historias. Lo único que nos seguirá conectando son estas historias entre mujeres, entre activistas, entre personas que están luchando por la justicia social, que se movilizan contra las injusticias, antirracistas, que luchan contra todo tipo de desplazamientos, guerras, conflictos… Todas las cosas que estamos viviendo, que mi abuela ya vivió, y tratando de compartir el dolor también. Entonces esto está en el medio. En el medio vemos también un pájaro. No sé si lo ven ahí. Mi abuela solía decir: “Si ves un pájaro, es una buena, buena noticia”. Y en realidad es un pájaro bastante grande. Entonces, un pájaro nos espera, y está parado a un lado y tratando de volar hacia los diferentes lados. Entonces, ¿ven el pájaro? Lo veo aquí, se lo puedo mostrar después. Es un pájaro grande. Kismet, no lo sé, los que saben turco… Es dinero, amor, buenas noticias, ¡todo está aquí! ¡Veo que están felices con este pájaro! Veamos qué pasa. Nos esperan muchas posibilidades. Entonces vamos por buen camino y hay que seguir compartiendo historias personales, construyendo amistades entre nosotres para recordar a este pueblo. Nos acordamos, ajá, nos acordamos de Magalí , nos acordamos de Inés, nos acordamos de Sonia, nos acordamos de Suzana , y de todes nosotres.  De nuestras historias.

Y luego, en el nivel superior, está el futuro. Bien. Y el futuro está en un nivel superior. ¿Qué estamos haciendo, qué nos espera? Por supuesto, lo sabemos: los movimientos antigénero y todos los demás antimovimientos están ahí. Tienen buenas filas. Están interceptando nuestros roles y nuestro viaje. Pero, si estamos muy juntes, como estas líneas, ya saben, estas líneas están intentando romper a estos humanos malos y antigénero a los que nos enfrentamos. Y, por supuesto, es muy importante entender que, durante estos tiempos de incertidumbre e injusticia, en los que nos sentimos más vulnerables… Es precisamente en estos tiempos en los que nos volvemos más resilientes, nos volvemos más decidides a cambiar las cosas. Y, una cosa importante que nos están haciendo este tipo de movimientos es desmotivarnos. Es por eso que mi abuela decía: “Cuenta las cosas buenas”, no debemos perder la esperanza, es algo que nos intentan quebrar, haciéndonos creer que no tenemos esperanza. Hagamos lo que hagamos, ellos están ahí para que pensemos que nos destruirán de todos modos. Así que reunámonos, para darnos esperanza unos a otras, porque es muy fácil perder la esperanza en estos tiempos difíciles. Es muy fácil decir: «Está bien, estoy cansade». La mayoría de nosotres tenemos fatiga por el activismo, ¿verdad? Estamos cansades de luchar contra la misma mierda todos los días, ya saben, ven, hay mucha mierda en el nivel superior de la taza. Porque son una mierda. Pero la mierda podemos destruirla, no es indestructible. Lo más importante es que nos demos esperanza unas a otras para no dejar de luchar. Quizás podamos tomar descansos y ayudarnos unes a otres a tomar descansos, pero no la perdamos. Ya estamos perdiendo mucha gente. Algunes nos dejan, dejan este mundo, por el trabajo que hacen, porque están cansades, porque no es fácil tener una vida de luchadora, peleando contra tantas cosas al mismo tiempo, internamente, con tu entorno más inmediato, y también globalmente. Pero una cosa segura es que nos tenemos unes a otres, podemos apoyarnos unes a otres, tenemos que ser pacientes unes con otres, porque algunes de nosotres todavía tenemos problemas con los que estamos lidiando, y debemos ser amables unes con otres, porque esto es lo que a veces falta en nuestros movimientos. Es la amabilidad, es mantener el espacio, ser amables unes con otres. Esta ira que sentimos no debe dirigirse hacia las demás, podemos dirigirla hacia la mierda que habéis visto ahora en el nivel superior.

Y como mi abuela solía decir, para terminar la lectura de la taza de café: “Pon tu dedo en algún lugar con atención y luego no te lamas el dedo, no es bueno”. ¿Quién quiere poner su dedo en la taza de café y abrir un espacio en el pasado? Tú. Ponlo aquí. ¡Con mucha pasión! Empújalo, por todes nosotres. ¡Atina , empuja, empuja! ¡Bravo, Atina ! A veces necesitamos empujarnos unes a otres para ir más allá. Entonces, Atina , ¡gracias! Casi hiciste desaparecer una de las colinas de las montañas. ¡Hay esperanza para todes nosotres!

Gracias, disfruté mucho de este momento y gracias por sus historias, por Magalí , por todess les demás, y espero que nos volvamos a ver.